Como solemos hacer todas las semanas, el Sábado nos levantamos cuando nos cansamos de dormir para recuperar las energías gastadas durante toda la semana.
Ese día nuestra primera parada era en Gare du Nord, donde el día anterior habíamos quedado con nuestro “coleguilla” Moussa, el hombre de la paciencia infinita, el Sta Teresa del Pullman.
Habíamos quedado en que a mediodía saldríamos del hotel sin pactar una hora de llegada ni un punto de enuentro. Supusimos que él calcularía el tiempo que tardaríamos en llegar a la “gare” y nos encontraría fácilmente. Al llegar esperamos durante casi una hora y Moussa no aparecía. La desesperación nos hizo creer que nuestro amigo iba a recurrir a hacernos “la del despiste” pero no, al final re




sultó que cada uno estaba esperando en una esquina de la estación y así era un poco complicado encontrarnos.
Nuestra segunda parada obligatoria era el cementerio de Montparnnasse, un lugar tétrico a la vez que agradable. Una vez nos adentramos el cementerio una sensación de armonía, curiosidad y asombro recorría todo mi cuerpo. Cada una de las tumbas era más peculiar, todas ellas estaban absolutamente personalizadas. A medida que avanzaba por las calles que separaban las sombrías tumbas me sentía como un personaje dentro de una época en la que la ignorancia llevaba a la plebe a depositar sus ilusiones en hechiceras, desatar su pánico en la quema de brujas y temer a los vampiros. Era un cementerio de película de terror.
Salimos del aquel tétrico escenario en dirección Monmantre, el barrio de las putas. Ya habíamos estado allí pero nos quedaban unos flecos por atar antes de despedirnos del barrio definitivamente. Subimos a la colina, que a mi parecer, ofrece las mejores vistas de la ciudad. Antes de hacer el recorrido en el tren turísico, como todo buen viajero de manual, decidimos parar en un restaurante a recuperar fuerzas. A mí me apetecía degustar platos típicos de la gastronomía francesa por lo que paré en aquel que me pareció ofrecer lo que buscaba, no me arrepentí.
Terminamos el día tomándonos un helado en San Michel, donde cogimos el Metro con intenciones de regresar al hotel.
Esta mañana nos levantamos temprano, queríamos ir a Versalles. Alas 10.00 estábamos esperando el bus que todas las mañanas nos lleva hasta la estación del RER. Después de 2h de recorrido llegamos a Versalles y nos encontramos con una cola que nos llevó a otras 2h de espera. Al fin entramos, pagamos 25,00€ y nos recorrimos el castillo. Lo más impresionante, sus inmensos jardines. Miles de flores junto con las numerosas fuentes, figuras de mármol y un gran estanco dan vida a los jardines del Palacio, los cuales recorrimos en unas bicicletas de alquiler (yo creo que María Antonieta necesitaba un GPS para moverse por allí, jajajaja). Son impresionantemente grandes, sin ruedas y con intención de recorrértelo en un día, el tiempo es insuficiente. En cuanto a dimensiones, el Palacio estaba acorde con las de los jardines, y su belleza también destacaba pero una vez visto todo el precio me pareció un tanto abusivo, mis expectativas de Versalles eran mejores.
Nuestra visita había finalizado, cansadas, volvimos a “descorrer “ lo recorrido zanjando así nuestro antepenúltimo fin de semana.
Ese día nuestra primera parada era en Gare du Nord, donde el día anterior habíamos quedado con nuestro “coleguilla” Moussa, el hombre de la paciencia infinita, el Sta Teresa del Pullman.
Habíamos quedado en que a mediodía saldríamos del hotel sin pactar una hora de llegada ni un punto de enuentro. Supusimos que él calcularía el tiempo que tardaríamos en llegar a la “gare” y nos encontraría fácilmente. Al llegar esperamos durante casi una hora y Moussa no aparecía. La desesperación nos hizo creer que nuestro amigo iba a recurrir a hacernos “la del despiste” pero no, al final re
Nuestra segunda parada obligatoria era el cementerio de Montparnnasse, un lugar tétrico a la vez que agradable. Una vez nos adentramos el cementerio una sensación de armonía, curiosidad y asombro recorría todo mi cuerpo. Cada una de las tumbas era más peculiar, todas ellas estaban absolutamente personalizadas. A medida que avanzaba por las calles que separaban las sombrías tumbas me sentía como un personaje dentro de una época en la que la ignorancia llevaba a la plebe a depositar sus ilusiones en hechiceras, desatar su pánico en la quema de brujas y temer a los vampiros. Era un cementerio de película de terror.
Salimos del aquel tétrico escenario en dirección Monmantre, el barrio de las putas. Ya habíamos estado allí pero nos quedaban unos flecos por atar antes de despedirnos del barrio definitivamente. Subimos a la colina, que a mi parecer, ofrece las mejores vistas de la ciudad. Antes de hacer el recorrido en el tren turísico, como todo buen viajero de manual, decidimos parar en un restaurante a recuperar fuerzas. A mí me apetecía degustar platos típicos de la gastronomía francesa por lo que paré en aquel que me pareció ofrecer lo que buscaba, no me arrepentí.
Terminamos el día tomándonos un helado en San Michel, donde cogimos el Metro con intenciones de regresar al hotel.
Esta mañana nos levantamos temprano, queríamos ir a Versalles. Alas 10.00 estábamos esperando el bus que todas las mañanas nos lleva hasta la estación del RER. Después de 2h de recorrido llegamos a Versalles y nos encontramos con una cola que nos llevó a otras 2h de espera. Al fin entramos, pagamos 25,00€ y nos recorrimos el castillo. Lo más impresionante, sus inmensos jardines. Miles de flores junto con las numerosas fuentes, figuras de mármol y un gran estanco dan vida a los jardines del Palacio, los cuales recorrimos en unas bicicletas de alquiler (yo creo que María Antonieta necesitaba un GPS para moverse por allí, jajajaja). Son impresionantemente grandes, sin ruedas y con intención de recorrértelo en un día, el tiempo es insuficiente. En cuanto a dimensiones, el Palacio estaba acorde con las de los jardines, y su belleza también destacaba pero una vez visto todo el precio me pareció un tanto abusivo, mis expectativas de Versalles eran mejores.
Nuestra visita había finalizado, cansadas, volvimos a “descorrer “ lo recorrido zanjando así nuestro antepenúltimo fin de semana.
2 comentarios:
menudo peligro una mujer con una bici. inspiras una seguridad......
y tenía yo razón en lo que te decía: mejor así, sin duda.
oui, oui, oui, madmoiselle!!
¿Una visita a un cementerio?... Por lo menos habría algún famoso enterrado, ¿no?
Eso sí, lo que sí que se nota es que te lo estás pasando realmente mal...
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